Bueno, bueno, he marcado este tema para seguirlo, que me interesa especialmente. 
En el ámbito de la Traductología occidental, creo que se simplifica demasiado con este asunto (si es infantil, se traducen y si no, se dejan en inglés) y falta analizar la problemática desde un punto de vista más amplio.
Me ha parecido muy interesante que menciones obras japonesas porque el estudio de la traducción de japonés-español o japonés-inglés es bastante minoritario. Y, sin embargo, es un trozo nada desdeñable del pastel del mercado de la traducción.
El punto de partida, en mi opinión, debería ser ese: el mercado origen de la obra. Si se trata de una obra creada en Japón, ¿traducimos directamente del japonés o pasamos por el inglés/francés/otro idioma?
Si pasamos por el inglés, en función de si el universo de la obra es real o ficticio, creo que lo más habitual es que en inglés ya se adapten los nombres (tanto los antropónimos, tengan carga semántica o no, como los topónimos/ataques/armas/etc.). Con lo cual, si los mantenemos del inglés, seguiría siendo traducción.
Un ejemplo serían los nombres de los Pokémon. Del japonés a inglés se traducen, en español se usan los nombres de la versión inglesa (creo que en italiano también), pero en francés y alemán los traducen. Sin embargo, creo que los nombres de lugares, personajes y demás sí que se suelen traducir a todos los idiomas: https://bulbapedia.bulbagarden.net/wiki/List_of_characters_in_other_languages
Otros aspectos que podríamos tener en cuenta son la tradición y las expectativas del público, tal y como mencionan en el artículo de Sailor Moon.
En cuanto a la tradición, es cierto que en español de España ahora se tiende más a mantener los nombres, aunque hay que tener cuidado con las traducciones a partir de versiones que no son la original. Pero si nos comparamos con países de nuestro entorno… ¿por qué en Francia tradujeron los nombres de la saga de Harry Potter?
De manera parecida a lo que dijo Even-Zohar con la teoría de los polisistemas, es posible que esta sensación de que “traducir los nombres no funciona” (salvo en los productos dirigidos a niños, siempre considerados público de segunda, al menos en la tradición literaria) esté más relacionada con la posición dominante de la cultura anglosajona (cuando tomamos los nombres del inglés en productos ambientados en universos ficticios) o la japonesa (en el caso del manga, por ejemplo) en el campo literario y el audiovisual/videojuegos.
Es decir, si en nuestra cultura la producción literaria/audiovisual es escasa (o las historias no se desarrollan en entornos que nos son familiares), nos va a resultar poco creíble jugar a un AAA en el que el protagonista sea “Pepe Rodríguez” en lugar de “John Smith”.
Me he desviado un poco del tema, pero bueno.
De traducción de nombres propios (o de referentes culturales) ahora mismo no hay muchos trabajos, pero es un campo en el que todavía se puede rascar mucho si ampliamos el abanico a más de una combinación de idiomas.